Adra: Las Navidades de la posguerra

003Tiempos difíciles, el hambre se enseñoreaba en muchas familias…las cartillas de racionamiento eran las protagonistas de los primeros años llamados de la “victoria”. España estaba aislada y la economía era autarquica,los llamados economatos distribuían los alimentos de primera necesidad. Los labradores podían subsistir gracias a la vega que les aportaba patatas, maíz, habas, etc…los pescadores lo tenían mas difícil ,pues cuando los inviernos soltaban las rudas ponenteras se veían obligados a mantener los barcos atracados al muelle y el hambre entraba en sus hogares sin pedir permiso. Con el invierno llegaba la Navidad, pero las gentes del barrio de las hazneras no perdían la capacidad de celebrarla, en muchos hogares las figuras del Belén se ideaban de la mas variopinta manera, en unos, trozos de poliores se vestían con trapitos y barbas de algodón , coronas de cartón, montañas de papel, casitas de cartón y el rio con un cristal sobre el que ponían figurillas de papel que daban forma de patos, gallinas,corderos…los que podían hacían caballitos para los Reyes Magos con patatas a las que clavaban palillos para que hicieran de patas…A pesar de la humildad de estos belenes ,de suelo de arena y verde de hierbas naturales, no podían estar en todas las casas.

Los vecinos se reunían en una casa y allí llevaban sus zambombas, panderetas, botellas vacías de anís que frotaban con una cuchara de metal, palos con latillas cogidas a ellos por una púa…de bebida: una botella de anís de la humilde fábrica de Bartolo, que su calidad dejaba mucho que desear y que pasaba de mano en mano intentando con ello mitigar la escasez manifiesta que existía en los hogares. Los vecinos se reunían en la habitación mas grande de la casa para entonar los consabidos villancicos. En algunos había un exiguo plato con un puñado de “mantecaos” que mas que consumir eran testigos del devenir de la noche. Y ¡hala! a cantar que los peces beben en el rio y la Virgen va caminando.

A medianoche se desplazaban con sus instrumentos a la Misa del Gallo y en ella cantaban al Niño que el sacerdote sacaba para que besaran sus piececitos de escayola, tras la noche fría y serena orlada de estrellas volvía la amanecida y con ella el hambre que rugía en sus estómagos, no obstante se volverían a reunir ,no para disfrutar de una  comida del día de Navidad ,sino para volver con sus cantos a espantar el hambre de sus hogares.

Ya no quedamos muchos de los que vivimos aquellos años de penuria y escasez ,pero el recuerdo pervive en nosotros como una señal indeleble que se niega a borrarse.

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