Viaje a la Alpujarra: Jubiles.

Jubiles

Viaje a la Alpujarra: Jubiles.
Cuando llegas a Jubiles entras en un pueblo tranquilo,blanco, atravesado por la carretera como si fuera una flecha clavada en su corazón blanco, como el corazón de los pueblos de la Alpujarra. Dificilmente intuyes la presencia de su Iglesia, si ,se observan bellos tintes verdes en sus fachadas, alguna parra, muchas macetas, casi sin darte cuenta estás saliendo de él, pero al mirar hacia atrás descubres el pueblo. La Iglesia en el centro parece recoger a su alrededor las casas como el pastor a un hato de ganado. Es pequeño,pero industrioso, ya nos lo anunció en la entrada opuesta su secadero de jamones. Como todo lo de la Alpujarra está impregnado de colorismo, un color natural recogido de la vegetación que lo rodea.Esta vista nos hace volver y llegar a la plazuela de la Iglesia, el Ayuntamiento enfrente, una mujer riega las plantas que lo adornan, mientras unos operarios montan un escenario para celebrar no se qué fiesta.
Cerrando la plaza una típica casa alpujarreña, con un porche interior que se convierte en un bonito jardín de plantas sembradas en tiestos de barro de diferente tamaño. Un mirador que te sugiere tranquilas tardes contemplativas de bellos atardeceres. En la plaza hago un cuadrito de la Iglesia ,una extranjera se acerca a verlo ,su pareja ,un australiano rubio y alto, resulta ser un estudioso de la Alpujarra. Ello me trae a la memoria los pobladores moriscos.Me es dificil imaginar que en aquella plaza se produjera un hecho tan luctuoso como en el ocurrido en la rebelión de las Alpujarras,cuando las tropas del Marqués de Mondéjar ,que habían constituido su castillo (en aquellos tiempos ya prácticamente en ruinas) en el centro de operaciones de la zona. Habian capturado muchisimas mujeres y niños moriscos a los cuáles quisieron albergar en la Iglesia,pero eran tantos que no cabían en ella por lo que la plaza se llenó de refugiados a los que intentaron librar del frío como pudieron. Un malhadado soldado intentó conquistar los favores de una moza morisca, al forzarla se produjo la defensa de ella por dos jovenes moriscos que se habían reducido, los militares cristianos creyendo que se producía un ataque, se lanzaron sobre ellos, una intensa niebla tapaba el pueblo, la confusión fue tan grande que los mismos soldados cristianos se acuchillaban entre ellos creyendo que eran atacados por los moriscos que en la mañana habían huido.Murieron mujeres y soldados,en una batalla campal provocada por el miedo a un inesperado ataque.
Cuando se descubrió la superchería era tarde ,la sangre tiñó de rojo la plaza. El Marqués de Mondéjar mandó ahorcar al soldado que dió lugar al suceso,triste solución que no lavó el honor de los cristianos españoles.

Caballeros como D. Alonso de Granada ,desde Jubiles, intentaron convencer de que se entregara a Pedro López Aben Aboo, pero estos sucesos hicieron desconfiar al cabecilla que se refugió en las breñas dando lugar a sucesivos enfrentamientos.
Dejamos Jubiles y con él, al pequeño cuadro de la Iglesia que se han quedado los extranjeros. El cuadro reflejaba la mañana de un pueblo pacifico que la lascivia hace casi quinientos años convirtió en un lugar de muerte.

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